28 de abril de 2009

PREMIO


Del blog de mi amiga Arwen: http://premiosdearwen.blogspot.com/, me viene un meme muy femenino que tiene unreto, hay que escribir un cuento, poesía, poema, una definición, relato, que incluyan las palabras:VIDA, AMOR, LITERATURA, SEXO, VIAJE, CINE. Hay que pasarlo a 6 blogs de mujeres.
Se lo concedo a:
Bueno.... es difícil esto!!!!
Mi VIDA....soy feliz, encontré al AMOR en mi adolescencia y jamas se fue de mi lado,
nos enamoramos, compartimos momentos de todo tipo...
estudiando LITERATURA, matematica, fisica,
paseando, llendo al CINE,
momentos únicos de placer , de mimos, de no querer despegarnos nunca.
Fuimos creciendo , pero siempre juntos sin una pelea en 16 años, siempre , siempre unidos en puro amor.
Los años pasan y nuestro amor se concerva como el primer día,
Cambiamos de ambiente , de ciudad, vienen los hijos y nuestro amor es sincero.
Se crece, y la pareja se reafirma, se vive plenamente feliz con otras distracciones , del cine pasamos a la plaza con nuestros hijos, los VIAJES cambian, en vez de llevar tacos se llevan pelotas, muñecas, pero el amor sigue intacto.
Esta es mi vida, este es mi viaje, un viaje de placer de felicidad con los problemas cotidianos pero resolviéndolos con palabras y en el instante nunca llendonos a dormir enojados.
Así se resume mi vida, mi amor y mis hijos.
GRACIAS ARWEN, FUE DIFICIL PERO HICE EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS UN PANTALLASO POR MI VIDA Y PUEDO GRITAR A TODO PULMON QUE SOY FELIZ, QUE TENGO LO QUE QUIERO Y QUIERO TODO LO QUE TENGO POR LO QUE REPRESENTA EN MI VIDA LA SINCERIDAD, EL AMOR Y LAS GANAS DE ESTAR DONDE QUIERO Y CON QUIEN QUIERO ESTAR!!!

AMABILIDAD


Lo valiente no quita lo cortés...

El padre José Luis Martín Descalzo narraba una anécdota que le sucedió a un compañero de trabajo. Este amigo suyo volvía de la oficina a su casa.
Al llegar a la estación compró, como siempre, un billete de metro, pero al pagar se llevó una sorpresa.
La chica que le atendía, con una sonrisa tímida, le respondió: «Hoy no tiene usted que pagar». El hombre se quedó de una pieza. Preguntó el porqué. «Porque ayer se fue sin coger el vuelto», respondió la chica desde el otro lado del cristal.
¿Acaso recordaba su rostro? ¿Conocía quién era? Nada de eso. La chica ni siquiera había estado el día anterior; pero una compañera le había dicho por la mañana: «Cuando venga el señor que siempre nos da las buenas tardes, dile que hoy no tiene que pagar». Con esta referencia, la muchacha en turno supo puntualmente de quién se trataba.
Una hermosa experiencia que hace brillar la nobleza de un corazón. Sin embargo, esta misma luz pone de manifiesto la oscuridad de tantas personas que han olvidado ya ser amables con los demás.
¡Cuántas personas pasarían por aquellas taquillas del metro madrileño! Y sólo una de ellas era inconfundible porque era «el señor que siempre nos da las buenas tardes».
En la cultura que se ha ido imponiendo en nuestros días parece que ser amable es ser amilanado, débil o, simplemente, tonto. Expresiones que denotan respeto y educación se evitan, ya que el usarlas nos haría quedar mal delante de nuestro “círculo de amistades”.
Si le doy las gracias al mesero que me sirve la mesa, dejaría entrever que estoy necesitado de su servicio.
Como en todos los casos implica una degradación de nuestra grande personalidad, mejor no usarlas para poder aparecer como alguien fuerte y seguro de sí mismo.
Ser amable no es sinónimo de falta de reciedumbre. Todo lo contrario, produce más admiración y gratitud quien dice: «pase usted», que quien simplemente se echa a un lado para quitarse de enfrente de la puerta.
Ser cordial indica mayor entereza y domino, que poner un rostro frío de absoluta indiferencia.
El “duro” se hace respetar, el cortés es respetado por lo que es.
Siempre tenemos cientos de oportunidades para ser amables con los demás. Basta pensar que, cada mañana, podemos decir «buenos días» a nuestros padres, a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a los profesores, a los compañeros de oficina o al conductor del autobús.
Ceder el asiento en el metro a una señora o a un anciano, se puede hacer con facilidad. Desear un buen día de trabajo al mesero de nuestro café preferido no cuesta mucho. Oportunidades, desde luego, no faltan; sólo hay que descubrirlas y hacer la costumbre.
Este tipo de detalles es el que cambia rostros y alegra atmósferas enteras. Las relaciones se estrechan. Las sonrisas se multiplican. El trabajo se disfruta. El corazón rejuvenece. Se acrecienta el deseo de compartir el tiempo. ¿Por qué? Porque la gente se siente tratada con el respeto y la dignidad de lo que verdaderamente son: personas e hijos de Dios. Y todo esto depende tan sólo de un sencillo «buenos días».
¡Vence el mal con el bien!

Andrés Ocádiz Amador